CAPÍTULO 4 — Cuando el tiempo deja de alcanzarnos
CAPÍTULO 4 — Cuando el tiempo deja de alcanzarnos La vida, que a veces corre sin pedir permiso, comenzó a moverse más rápido para Peter. El trabajo, los hijos, la casa, las cuentas… Todo avanzaba en una especie de torbellino cotidiano que no daba tregua. Pero aun así, diciembre seguía siendo su refugio: una pausa pequeña donde volvía a sentirse niño por unas horas, abrazando a sus padres alrededor de la mesa. Hasta que un marzo cualquiera, el destino decidió hablar. Su papá, Juanito, aquel hombre fuerte que siempre cargaba bolsas, movía muebles, trabajaba sin quejarse y reía con los ojos, empezó a cansarse más rápido. A toser sin razón. A perder el aire como si algo por dentro le apretara el pecho. Peter pensó que era solo desgaste… hasta que ya no lo fue. El día que lo llevaron al médico, nadie imaginó lo que escucharían. La voz del doctor fue suave, casi como si buscara no romper nada: —“Don Juan tiene fibrosis pulmonar… es progresiva… y lo más probable es que le queden ...