CAPÍTULO 6 — EPÍLOGO
CAPÍTULO 6 — EPÍLOGO El legado que no se entierra El dolor no se fue de un día para otro. Nunca se va así. Pero con el tiempo, Peter entendió algo que al inicio parecía imposible: la ausencia también puede transformarse en guía. Papá Juan ya no estaba físicamente, pero seguía apareciendo en los gestos pequeños. En la forma de abrazar a sus hijos. En la manera de sentarse a la mesa. En el respeto por el trabajo. En el amor silencioso por la familia. Peter empezó a notar que hablaba como él. Que repetía sus consejos. Que se detenía a escuchar, como Juanito lo hacía. Y entonces lo comprendió: su papá no se había ido del todo. Vivía en la manera en que Peter eligió ser padre. En cómo decidió amar a Jenn. En la paciencia que aprendió a tener. En el valor de estar presente, incluso cansado. El duelo no desapareció. Pero se volvió más suave. Más manejable. Más humano. Peter entendió que sanar no es olvidar. Sanar es recordar sin romperse. Hoy, cada Navidad sigue siendo d...