“A veces la tormenta no viene a destruirte, sino a recordarte quién eres”
Peter solía pensar que la vida se medía por los días buenos. Aquellos en los que el sol salía temprano y todo parecía encajar. Pero con el tiempo entendió que el verdadero valor no se demuestra cuando todo brilla, sino cuando apenas puedes mantenerte de pie y aún así lo intentas.
Después de perder su trabajo, un amigo y gran parte de su confianza, Peter comenzó a caminar todas las noches sin rumbo. No buscaba respuestas, solo necesitaba respirar sin que el peso del día lo aplastara. Una de esas noches, un anciano en un banco le dijo:
—Hijo, la vida no te está rompiendo… te está puliendo.
Esa frase se le quedó grabada. Desde entonces, cada vez que siente que la tormenta lo supera, recuerda que el hecho de seguir respirando ya es una forma de victoria.
Porque sobrevivir también es una manera de resistir. Y resistir… ya es una forma de esperanza.
Reflexión:
Todos llevamos batallas que nadie ve. Por eso, cuando puedas, elige la bondad. Nunca sabes a quién le estás devolviendo las fuerzas para seguir.

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