Peter y el Planeta de los Espejos
✦ Peter y el Planeta de los Espejos
En una constelación lejana, habitaba Peter, un ser de fuego sereno, con piel de niebla y ojos que veían más allá del tiempo. Vivía en un planeta azuloso, cubierto de lagunas mentales donde las ideas brotaban como astros recién nacidos. Allí, él y su tripulación cultivaban luz: creaban, conectaban, soñaban.
Cada ciclo solar, Peter enviaba señales al Consejo Estelar. Pulsos de actividad, mapas de intención, órbitas programadas. Todo estaba ahí. Visible. Honesto.
Pero el Consejo no miraba el contenido, solo la frecuencia.
Y un día, sin anunciar, enviaron los Ojos Silenciosos.
—No es desconfianza —dijeron—. Es control gravitacional. Para asegurar productividad estelar.
Los Ojos eran satélites sin alma. Seguían a cada habitante, medían su sombra, registraban su calor. El planeta, antes palpitante, comenzó a enfriarse. Las criaturas dejaron de danzar en gravedad cero. Solo flotaban… cumpliendo.
Peter, que hablaba con nebulosas y tejía emociones en la oscuridad, sintió el frío en el núcleo de su pecho. No por ser visto… sino por ser sospechado.
Un día, recogió sus herramientas de intuición, dejó el planeta de los Espejos, y partió rumbo a la Nebulosa del Silencio, donde la confianza no se medía, simplemente se respiraba.
Desde entonces, las galaxias con más brillo… son las que nadie vigila.
Reflexión estelar:
Donde hay satélites de control, las estrellas aprenden a apagar su luz.
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